El valor de.
El único cambio en mi vida estos días ha sido las reformas que el Mercadona de nuestra calle ha realizado, quitando la zona central de cosméticos para pasarla a los laterales dejando así un espacio donde la gente cree que hay más por menos precio pero, ¡es exactamente lo mismo! solo que en otro formato, y mientras las mujeres que trabajan en esa sección se maquillan y charran de cómo está la actualidad. Un tema poco interesante porque de tanto hablar de la actualidad, deja de ser actual, pero ellas con tal de no callar, pueden comentarle a la sección de champús el último grito de la sección de perfumes. Cuando voy a comprar a este sector algún producto, lo hago con mucho sigilo, por nada ya se te acerca una cara completamente envuelta en polvos y te insinúa con esta pregunta de "¿te ayudo en algo?" que quiere decir ¿vas a comprar algo?, entonces es cuando le dices que solo estabas mirando, ella se aleja, no mucho, lo suficiente para divisarte a ti y a la señora del pelo rojizo que está husmenado en las lacas (a eso lo llamo francotirador). Con la mirada echas el reojo a todo para luego comprar el producto que está a 1€, porque sí, porque las cosas no están para que tu cara pruebe el nuevo exfoliante que regenera y elimina puntos negros. Es entonces cuando piensas en los niños que no tienen nada que llevarse a la boca, y se te dibuja una pequeña sonrisa, no de alivio, de no ser tú uno de ellos, sino de agradecida de poder comprarte el producto que más valor tiene el supermercado.
